lunes, 17 de octubre de 2011

ELOGIO A LA LITERATURA

En verdad he estado muy lejos de la verdadera literatura, he leído mucho más que otros, lo cual considero un verdadero avance, recuerdo que inicie la lectura desde muy pequeña; leía todos aquellos cuentos de princesas y de príncipes encantados y soñaba ansiosamente en que me vida fuera igual a la de alguna princesa, la que fuera, Cenicienta, Rapunsel, Blancanieves, era hermoso pensar en una vida perfecta como la de ellas y así fui construyendo una cantidad de sueños donde yo era la protagonista, esos sueños me ayudaron a ver un mundo más bello y no estar en la gran cantidad de barbaries que se cometen a diario, me permitieron soñar, volar, imaginar. También recuerdo esas maravillosas fábulas de Esopo, que leí una y otra, y otra vez, aprendiendo cada una de sus moralejas, que pienso me sirvieron para ser una persona más justa, aprovechar lo que tenía en cada momento, fuera mucho o fuera poco, aprendí a seleccionar mejor a mis amigos, a diferenciar buenas y malas acciones, a que hacer el bien era mucho mejor.
Al llegar a la adolescencia, fui lastimada en muchas ocasiones, sintiendo que ya no pertenecía a este mundo, que esos cuentos, eran solo eso, y que estaban muy lejos de la realidad, que el mundo era sufrimiento, que las personas lastimaban, era prácticamente una persona dependiente de todo, de mi madre, aunque a ella se lo debo todo, y podría depender de ella toda la vida, porque es la única persona que siempre me ha demostrado amor y sinceridad incondicional, pero también sentía dependencia de mis amigos, de un amor, de todo; cuando empecé a leer los libros de Carlos Cauthemoc y Walter Riso fue una gran ayuda, con sus libros aprendía a valorarme como persona, como mujer, aprendía a tomar decisiones en forma positiva, aprendí a relacionarme mejor con las personas, a ver que aunque el mundo es un lugar difícil para vivir, tiene cosas hermosas, personas maravillosas en las que aún se puede confiar, que todavía existen los sabios y aún se les llaman Maestros.
Con los libros hubo momentos de suspenso, como cuando leí el Túnel o Crónica de una muerte anunciada y Relato de un náufrago de Gabriel García Márquez, que aunque han sido unas de las pocas novelas que han pasado por mi vida, han dejado huellas, pensamientos, las he recordado hasta el día de hoy, pensando aquellas historias que pudieron ser realidad.
Leyendo he aprendido a expresarme un poco mejor, sé que aún me falta, pero es un trabajo de construcción diaria, yo soy la flor y los libros el agua que deben regarme a diario, para pode4r crecer mentalmente, instruirme, aprender a argumentar.

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