La educación se ha visto envuelta por aquel pensamiento totalitario; como lo expresa Fernando Bárcena y Joan Carles Melich, “es un pensar que no mira a los ojos, que ordena desde la prepotencia del que todo lo sabe, lo organiza y lo decide.
Es un pensar sin el otro o, incluso, contra el otro”.
Pero entonces, entra a jugar la literatura afirmando que la “identidad es narrativa” y que para que la educación sea un acontecimiento ético “se debe repensar la razón pedagógica, ya que solamente mediante el relato o contando historias somos capaces de recordar lo que nos ha sucedido, la racionalidad narrativa es una forma de acercamiento a un mundo dibujado por rostros humanos”.
Con esto los autores señalados no pretenden negar los grandes aportes de la tecnología, pero si que estos se deben complementar con las relaciones humanas, “una razón narrativa que muestre la importancia de la literatura en la educación”.
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