Definitivamente hemos dejado de lado a los niños en el momento de enseñarles a leer, los hemos enseñado a mecanizar, en primer lugar, y después, de que saben leer automáticamente, nos centramos en “meterle” en la cabecita una serie de contenidos como sinónimos-antónimos; palabras homófonas, verbos, sustantivos, que vuelven rápidamente la lectura compleja y aburrida, aclarando que esto lo hacemos en primer grado, cuando deberíamos estar enseñando el gusto por la lectura. Cabe aclarar que esto no lo hacemos muchas veces por voluntad propia sino por los lineamientos que existen en la institución donde nos encontramos.
Pero también va en nosotros como docentes, ya que probablemente no podemos cambiar muchas cosas de políticas en las instituciones, ir involucrando el gusto por la lectura, como explica la gran autora Martha Fajardo en las funciones del maestro promover la lectura, después de dar el ejemplo, podemos iniciar en esos pequeñitos el gusto por la lectura.
Una gran oportunidad para esto, pienso, que sería leyendo “el Principito” de Saint Exupéry; primero es un libro con imágenes súper llamativas para los niños, segundo es fácil de comprender, los niños pueden dejar volar su imaginación con este niño explorador de nuevos mundos; con cada personaje de cada planeta, es más, seguramente lo van a relacionar con algo o con alguien del suyo.
Pero esta, también es nuestra elección, nuestra vocación, depende de lo que queramos y del verdadero motivo por el que estamos acá. Seguramente si nos tocó se docentes, seguiremos al pie de la letra el pensum o el currículo de nuestra institución, pero si es algo que está dentro de nuestro ser, trataremos de hacer lo imposible para que esas personitas cambien el modo de ver el estudio, los profesores, las personas y el mundo.
Hay ciertas ideas de Martha Fajardo, pero hay que profundizar en esta lectura... claro el Principito se podría leer... pero sin obligación, pero más tú sería quien podría leerlo, para ti.... Ya lo leíste?
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